
sábado, 7 de enero de 2012
Noctámbulos - Edward Hopper

miércoles, 30 de noviembre de 2011
méxico

sábado, 26 de febrero de 2011
La noche estrellada - Vincent Van Gogh
Me muevo entre las sombras de mis alucinaciones. El viento susurra que tal vez no volverá a amanecer; grandes heladas llegan a mis oídos a través del canto de las hojas y el horizonte permanece impávido ante el cielo que grita anunciando una apasionada tormenta.
La emoción de estas noches oscuras en donde solo percibo inmensos truenos que amenazan y en un segundo agonizan; me hacen recorrer esta pequeña habitación en donde aparecen los rayos del sol, que me aturden y me atraviesan: amarillos, dorados, naranjas, rojos, y luego desaparecen para convertirse en una luna inmensa que brilla a la izquierda de mi ventana.
¿Cuántas noches vacilantes la luna me vio correr bajo el cielo de París? Yo la abandoné a la espera de tu compañía, pero ella me persiguió hasta que caí en este negro y lúgubre espacio, al que nunca llegaste, porque la muerte me encontró primero y vigila cada noche mis pequeños descuidos.
Nunca vendrás, porque los colores ya no entran por mi ventana. Entonces quiero imaginar que vuelve a amanecer y veo el gran árbol y al fondo, la ciudad. El viento corre moviendo las nubes y los rayos de luz que ahora me alivian, se vuelven destellos redondos, como pequeños y jadeantes soles que flotan en el aire.
El viento sopla, las burbujas de oxígeno tratan de entrar, pero las rechazo, y cierro los ojos otra vez, para seguir llenando mi cabeza con un cielo azul que ya no quiero ver más por la ventana.
The Parade Ends
"Paseo por las calles que revientan, pues las cañerías ya no dan más, por entre edificios que hay que esquivar,
por si nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados, cines cerrados, parques cerrados, cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
cerrado por reformas, cerrado por reparación.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos, empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado... todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados,
subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, mini celdas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies desnudos,
pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas, arrancado, arrastrado, elevado,
llevado, transportado, eternizado, salvado,
en aras, y por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música, por ese ta ta incesante."
Reinaldo Arenas
domingo, 28 de diciembre de 2008
Autorretrato con pelo cortado - Frida Kahlo

“Mira que si te quise fue por el pelo, ahora que estás pelona ya no te quiero” Frida Kahlo
Ahí me encuentro yo, sentada sobre la silla que mi padre me regaló, el único recuerdo que traje de mi hogar familiar y que ahora se posa en mi casa de soltería por orgullo y de soledad por elección. Frente al espejo sólo puedo ver todas las palabras que con desilusión escribí en la pared y que ahora se convierten en melodías con acordes que me recuerdan uno a uno, lo que en mis sueños supe y no me anticipé a predecir concientemente.
Diego, mi panzón, ahí estoy con la tijera en la mano cortando cada uno de los placeres que me diste. Este pelo es el desperdicio de nuestros días de dicha y ahora me convenzo de sacarlos de mi vida para caminar tranquila, con este cuerpo cansado que desde mi adolescencia cargo con impaciencia; este instrumento del que quisiera salir y solo quedarme con el peso de mi alma.
Hace ya muchos años, mi vida transcurría en la casa de mis padres y hermanas. Allí la tranquilidad se desbordaba al punto de querer escabullirme hacia la inmensidad del cielo de Coyoacán, que me acogía en la espera de verme libre. Así, salí a buscar una vida diferente que empezó con tímidos esbozos de pinturas que dejaba en el patio de tu taller. Siempre pensé que esas obras solo mostraban la existencia de una vida que no era la mía, pero en realidad eran un pronóstico de lo que hasta ahora he tenido que sufrir y en algunas ocasiones alegrarme. La frustración de estar postrada en una cama, fue a la vez mi aliciente para encontrar en trazos melancólicos nuevas razones que me permitían seguir viviendo, aunque fuera en el vacío, en la angustia e infinita impotencia.
Los años siguieron transcurriendo entre la pasividad de mis recaídas, que me impedían moverme por ese cielo azul que me prometió tantas alegrías y que al final abandoné para seguirte a lugares tan desconocidos e innecesarios en el mundo. Nueva York fue el comienzo de nuestra separación; Detroit, la cumbre del abandono; Paris la reconquista de nuestra pasión a través de las cartas que me escribías y a las que nunca respondí para mantener controlado el desenfreno con el que siempre te amé.
Ninguno de mis esfuerzos sirvió para nada. Hoy me encuentro agazapada en un rincón de mi casa y tu ropa la llevo puesta para tener la conciencia despierta y saber que el contacto con tu piel ya no es algo que me pertenece. Aquí está Friducha, tu Friducha, avergonzada de haber sido tuya.
